El arte es encontrar lo que nunca se ha perdido



jueves, 21 de enero de 2010

Pintura y tensión declarativa

Tierra, carbón, arena, acrílico y chamizos. 170 x 220 cm. Esparcir, arrojar, aguar, frotar.

…Todo artista, además de actuar, declara. Todo artista, además de expresar emociones, afirma y da razones. Obedece a un principio del placer, pero también toma posición frente a la realidad y el orden de las cosas. Debe eludir el panfleto y la ilustración, pero no carecer de ideas. Y es que, cuando hablamos de la pintura como lenguaje, y de la construcción de un idioma personal en la obra de un joven artista, es necesario considerar que la pintura contemporánea quiere ser pintura, pero a la vez hacerse partícipe de una crítica de los medios. Quiere ser discurso que se refiere a sus mismas posibilidades estéticas, pero, a la vez, toma de posición sobre el mundo y la cultura. Bien sea cuestionando el soporte, bien sea aludiendo a problemas de consumo de la imagen que se han revelado recientemente en toda su actualidad, la pintura puede aún construir enunciados sobre el hombre, y en ello radica su poder comunicativo.

Detenerse y valorar una experiencia como la que testimonian las obras de John Jader bedoya es entonces una confrontación entre los temas a los que se enfrenta como pintor y la manera como aprovecha la significación de este acto. Hablamos de una propiedad indirecta del lenguaje de la pintura: el pintor no solo habla desde las convenciones representativas o desde esa selección de elementos plásticos que se designan como estilo. No qué dice la pintura, ni cómo lo dice, sino desde dónde y en qué circunstancias lo dice.

El acto mismo de pintar, con su muda elocuencia, indica una posición frente a quienes predican la ineficacia de la pintura, su anacronismo, su incapacidad para igualar la espectacularidad y contundencia de otros medios. Así, enfrentar la relación con el plano, los materiales y el entorno espacial hace parte del sentido impuesto por la obra de John Jader Bedoya.

El artista habla en sus telas de la agresión al paisaje, siguiendo un escrupuloso tratamiento de convenciones figurativas que revisita con propiedad, inclinándose por la incorporación de cenizas y residuos de la agresión, en un gesto adivinado en los valores táctiles revelados por la aplicación de los materiales. Se representa la agresión, pero la pintura misma es el resultado de la agresión. Indicio, gesto y símbolo, el artista describe qué paso en el paisaje con los mismos recursos que son tema de la pintura: cenizas, despojos, materiales residuales. Quizás, por eso mismo, sus pinturas reclaman tal silencio de profanación concluida.

Inscrita en las corrientes que consideran el paisaje como una convención aún elocuente la obra de John Jader Bedoya se enfrenta con éxito a la demanda, a la vez ancestral y contemporánea, de tratar el entorno con los únicos preconceptos disponibles: la convicción de saber ejecutar una tarea y la seguridad de tener una idea que comunicar a quienes leerán las huellas.

Efrén Giraldo.
Magister en Historia del arte
Escritor y conferencista

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